Por qué Corea registra la tasa de natalidad más baja del mundo
Planteamiento del problema: ¿qué tan baja es la natalidad en Corea?
Corea ha sido mencionada durante mucho tiempo como un país que registra la tasa de natalidad más baja del mundo. En las comparaciones internacionales, la tasa global de fecundidad de Corea suele situarse por debajo no solo de la de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sino también de la de varios países desarrollados que experimentaron antes el descenso de su población. Esto significa algo más que “tener pocos hijos”: implica que, durante un periodo prolongado, una generación no logra reemplazar suficientemente a la siguiente.
Por lo general, para que una población se mantenga a largo plazo, se considera que el número de hijos que una mujer tiene a lo largo de su vida debe rondar los 2,1 hijos. Sin embargo, Corea ha pasado largos periodos muy por debajo de ese umbral, y como resultado han aparecido al mismo tiempo problemas como la disminución de los nacimientos, la reducción de la población en edad escolar, la preocupación por la desaparición de zonas rurales y la caída de la población en edad de trabajar. La baja natalidad en Corea no es solo una cuestión de elección individual, sino el resultado de la interacción compleja entre la estructura económica, el mercado laboral, el entorno de vivienda y la cultura familiar; por eso también llama la atención a nivel internacional.
Indicadores clave para entender la natalidad
Para analizar correctamente el problema de la natalidad, conviene distinguir y comprender algunos datos básicos.
- Tasa global de fecundidad (TGF): es el número promedio de hijos que se espera que tenga una mujer durante su etapa fértil. Es el indicador más utilizado en las comparaciones internacionales.
- Número de nacimientos: se refiere al número real de bebés nacidos en un año. Aunque la tasa de natalidad sea la misma, si disminuye la población femenina en edad fértil, también puede bajar el número de nacimientos.
- Tasa bruta de natalidad: es el número de nacimientos por cada 1.000 habitantes. Muestra la magnitud de los nacimientos en relación con la población total.
- Estructura demográfica: se refiere a la distribución de la población por grupos de edad. Si disminuyen los jóvenes y aumenta la población mayor, la base para la natalidad también se debilita a largo plazo.
Estos indicadores están conectados entre sí. Por ejemplo, en Corea no solo es baja la tasa global de fecundidad, sino que además está disminuyendo la propia población en edad de tener hijos. Por eso, aunque se mantenga el mismo nivel de fecundidad, el número de nacimientos puede caer todavía más rápido. Debido a esta estructura, la baja natalidad se vuelve un problema cada vez más difícil de resolver con el paso del tiempo.
La realidad de la carga de la vivienda, la educación y la crianza
Una de las razones más citadas de la baja natalidad en Corea es el alto costo de tener y criar hijos. En particular, la carga de la vivienda, sobre todo en la zona metropolitana de Seúl, dificulta desde el inicio mismo el matrimonio y la maternidad/paternidad.
Para muchos jóvenes, conseguir una vivienda estable se percibe casi como una condición previa para casarse. Sin embargo, los altos precios de la vivienda y la carga del alquiler mensual o del depósito retrasan la independencia, lo que a su vez lleva a una mayor edad al casarse. Cuanto más tarde se casa una persona, más se retrasa también el momento de tener el primer hijo, y en consecuencia aumenta la probabilidad de tener menos hijos.
La carga educativa también es muy grande. En la sociedad coreana, además de la educación pública, la competencia en la educación privada ejerce una fuerte presión. Muchos padres y madres no ven el hecho de tener hijos solo como una cuestión de subsistencia, sino como una pregunta sobre si podrán “apoyarlos suficientemente”. Por ello, es frecuente optar por reducir el número de hijos o posponer por completo la decisión de tenerlos.
Los costos de crianza y cuidado tampoco pueden ignorarse.
- Costos de guarderías y jardines de infancia
- Vacíos en el cuidado después de la escuela
- Gastos adicionales de cuidado en familias con doble ingreso
- Costos a largo plazo derivados de enfermedades, educación y ampliación de la vivienda
Al final, muchas familias sienten que incluso criar bien a un solo hijo ya es una carga pesada, y tener un segundo o un tercer hijo se convierte en una decisión todavía más difícil.
Empleo inestable e incertidumbre sobre el futuro de la generación joven
Tener hijos es una decisión que solo puede tomarse cuando existe esperanza en el futuro. Sin embargo, la generación joven de Corea percibe con fuerza la inestabilidad laboral y la incertidumbre de ingresos. La brecha entre empleos fijos y no fijos, la diferencia salarial entre grandes empresas y pequeñas y medianas empresas, y la intensificación de la competencia por conseguir trabajo son factores importantes que retrasan el matrimonio y la natalidad.
En especial, si al inicio de la vida laboral no se consigue un empleo estable, los planes de vivienda, matrimonio e hijos se posponen todos. Cuanto más tiempo se permanece en contratos de corta duración o en trabajos precarios, más difícil resulta diseñar un proyecto familiar a largo plazo. A esto se suman el aumento de precios y el estancamiento del ingreso real, lo que incrementa la ansiedad de pensar: “¿de verdad está bien tener un hijo ahora?”.
La cultura de las largas jornadas laborales también es un problema. Corea ha mejorado respecto al pasado, pero sigue teniendo una cultura laboral centrada en el trabajo bastante fuerte. Si la hora de salida es tardía, si es difícil tener horarios previsibles y si no se puede usar libremente las vacaciones, resulta complicado compaginar relaciones, matrimonio y crianza. Al final, muchos jóvenes no posponen la natalidad porque no quieran tener hijos, sino porque no ven un futuro que puedan asumir.
Cambios en los valores sobre el matrimonio y la familia
La caída de la natalidad no puede explicarse solo por razones económicas. En la sociedad coreana también están cambiando rápidamente los valores sobre el matrimonio y la familia. Antes, el matrimonio y la maternidad/paternidad se consideraban una trayectoria vital natural que seguía a la adultez; ahora, en cambio, se perciben como una de las opciones posibles de vida.
Cada vez más personas eligen no casarse, y aunque se casen, disminuye la presión de que necesariamente deban tener hijos. A medida que se fortalece la tendencia a priorizar la felicidad personal, el desarrollo propio, el ocio, la carrera profesional y la calidad de las relaciones, tener hijos deja de ser una obligación evidente.
También es importante el aumento de las expectativas en torno a la igualdad de género. Muchas mujeres no solo valoran el matrimonio en sí, sino también cómo se repartirán de manera justa las tareas domésticas y de crianza después de casarse. Los hombres, por su parte, también sienten una gran carga respecto al papel tradicional de sostén del hogar. Es decir, el cambio de valores en torno al matrimonio y la natalidad no es simplemente una expansión del individualismo, sino también una señal de que el modelo familiar existente ya no resulta atractivo.
Dificultades para interrumpir la carrera profesional y conciliar trabajo y familia
Un elemento especialmente importante para entender la baja natalidad en Corea es el riesgo de interrupción de la carrera profesional de las mujeres. Muchas mujeres consideran que el parto y la crianza pueden causarles una gran pérdida en su trayectoria laboral. De hecho, se ha señalado repetidamente la reducción de oportunidades de ascenso, la exclusión de tareas y la dificultad para reinsertarse en el empleo después del parto.
Aunque existan permisos de maternidad y paternidad, en la práctica a menudo resulta difícil utilizarlos con libertad. Cuanto más pequeña es la empresa o más escaso es el personal, más presión social existe para no tomar la baja, y no son pocos los casos en que se teme sufrir desventajas al regresar. El uso del permiso de paternidad por parte de los hombres también ha aumentado, pero todavía no puede decirse que esté plenamente extendido debido a la cultura organizacional y al temor a la reducción de ingresos.
Este problema no es simplemente una cuestión de elección individual de las mujeres. Si, en el momento en que nace un hijo, la carga del cuidado se concentra en una sola persona, normalmente la mujer, será difícil que aumente la natalidad. Para que la decisión de tener hijos sea posible, debe existir la confianza de que trabajo y familia pueden mantenerse al mismo tiempo. Por tanto, el problema de la baja natalidad está directamente ligado a la igualdad de género en el mercado laboral.
Por qué las políticas gubernamentales de incentivo a la natalidad han tenido un efecto limitado
Durante mucho tiempo, el gobierno coreano ha aplicado diversas políticas para responder a la baja natalidad. Entre ellas se encuentran las ayudas económicas por nacimiento, las asignaciones por hijo, el apoyo a la crianza, los beneficios fiscales y la ayuda para tratamientos de infertilidad. Aun así, muchos consideran que su efecto percibido ha sido limitado.
La razón principal es que el núcleo del problema no es simplemente la falta de dinero en efectivo. Las ayudas puntuales pueden aliviar los costos iniciales del nacimiento, pero lo que más preocupa a la gente es la estabilidad de la vivienda, las perspectivas de ingresos a largo plazo, la posibilidad de mantener la carrera profesional, la infraestructura de cuidados y la presión de la competencia educativa. Si no se resuelve la inseguridad estructural, es difícil cambiar la decisión de tener hijos solo con ayudas monetarias.
Otra limitación es que las políticas se han aplicado de forma fragmentada.
- Falta de conexión entre la política de vivienda y la política de natalidad
- Diferencia entre la reducción de la jornada laboral y la percepción real del apoyo a la crianza
- Insuficiente respuesta al problema de la concentración en el área metropolitana y la desaparición de zonas locales
- Lento avance en la difusión de una cultura de cuidado igualitaria
En otras palabras, la baja natalidad no es un problema que pueda resolverse con un solo ministerio o con un presupuesto a corto plazo. Si no cambian las condiciones generales de vida, el efecto de las políticas también será necesariamente limitado.
El reto de cara al futuro: qué cambios se necesitan para que repunte la natalidad
Para que la natalidad repunte, la prioridad no debe ser simplemente incentivar, sino construir una sociedad en la que tener hijos no destruya la vida de las personas. La clave está en que la gente perciba el matrimonio y la natalidad no como un “sacrificio”, sino como una opción asumible y sostenible.
Primero, la estabilidad de la vivienda es fundamental. Debe reforzarse la oferta de viviendas y la estabilidad del alquiler para que los jóvenes y las parejas recién casadas puedan vivir sin una carga excesiva de deuda. Segundo, hace falta una reforma del mercado laboral. Deben respaldarse empleos estables, horarios previsibles, la reducción de las largas jornadas laborales y la garantía real de uso del permiso de crianza.
Tercero, es necesario construir una infraestructura de cuidados más densa. Además de ampliar las guarderías y los jardines de infancia, también deben desarrollarse el cuidado extraescolar en primaria, el cuidado de emergencia y los servicios de cuidado comunitario para reducir la carga de las familias con doble ingreso. Cuarto, debe consolidarse una cultura familiar igualitaria. Si no cambia la estructura que concentra las tareas domésticas y de crianza en las mujeres, será difícil recuperar la natalidad.
Por último, también es importante el desarrollo equilibrado de las regiones. Si los empleos, la educación, la sanidad y los recursos culturales se concentran en exceso en el área metropolitana de Seúl, la carga de la vivienda y la competencia seguirán aumentando. Solo cuando también en las regiones se pueda diseñar una vida estable, se ampliará la base de natalidad de toda la sociedad.
La baja natalidad de Corea no es simplemente el resultado de que las personas no quieran tener hijos. Es el reflejo de una estructura social en la que se acumulan vivienda cara, competencia feroz, empleo inestable, desequilibrio de género y falta de cuidados. Por eso, la solución también debe ser a largo plazo y estructural. Para aumentar la natalidad, primero hay que construir una sociedad en la que las personas puedan confiar en el futuro.


